Ford Shelby Mustang GT 500 Eleanor

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Hay muy pocos coches en la historia del automóvil con tanta fama. Es el icono por excelencia de la customización, el sueño de generaciones y generaciones de tuners… el coche de culto.
Por Jose A. Gomez

Da igual tu país de procedencia, el coche que tengas o el estilo que proceses, delante de este Mustang todos debemos reverencia.
Es un fenómeno que no ocurre con ningún otro coche del mundo, han pasado más de 40 años desde su aparición y aquellas primeras series sesenteras del Pony Car de la FoMoCo (Ford Motor Company) siguen desatando la locura de cualquier aficionado.
Las versiones más deportivas (Boss, Mach1, CJ…) son auténticos objetos de colección y, concretamente, los Shelby son las joyas de la familia.
Carroll Shelby pasará a la historia como uno de los preparadores más importantes de todos los tiempos y los Shelby Mustang llevan su firma siendo una de sus obras maestras. Primero apareció el GT 350 (1965) con el motor ‘pequeño’ (289 pulgadas cúbicas y 306 CV), más tarde el GT 350R (la potencia subía hasta los 350 CV) y, finalmente, el GT 500 en 1968, el auténtico King of the road. Además, todos disfrutaban de un kit de carrocería propio y que los hacía inconfundibles.

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En sí mismo, este automóvil es toda una leyenda que muchos adoraron en su época y en el que otros tantos se inspiraron para radicalizar sus Mustang. Hoy por hoy, es incontable el número de fanáticos de este modelo y muchos de ellos se deciden a restaurar versiones básicas transformándolas en otras más extremas totalmente personalizadas. Nuestro invitado es fruto de uno de estos trabajos y es evidente de donde han tomado la inspiración.
Ha sido uno de los coches más famosos de la historia del cine. Steve McQueen condujo uno siendo el teniente Frank Bullit (en este caso fue un GT 390) y, desde que en el año 2000 Nicolas Cage se metiese en el pellejo del ladrón retirado Randall Reims, el Shelby Mustang GT 500 o Eleanor, como le apodan en la película, ha sido la obsesión de muchos de nosotros, como le ocurre al propio Randall.
Tal es su éxito que en la última entrega de la saga de “A todo Gas” la montura del protagonista en el duelo final también ha sido un antiguo Mustang de su padre, aunque en esta ocasión ‘restaurado’ con el motor de un Skyline.

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La línea Fastback es su rasgo por excelencia, con una trasera de cintura alta y final respigón (todos babearíamos por una chica con esta figura). El capó parece no terminar nunca y presume de una ‘joroba’ central sin la que sería imposible tapar el enorme motor que lleva. El remate a este frontal es uno de los más espectaculares que os hemos podido mostrar jamás. La fibra moldea una agresiva mirada llena de aristas en la que los faros parecen joyas incrustadas. Todo ello bañado en un gris absolutamente metálico. Las llantas de aleación tienen un diseño brutal y el detalle de la tuerca central les da un aire retro perfecto. ¡Dios, qué bonito es!
El interior, tapizado en piel negra con la cobra de Shelby, se mantiene fiel al original. Con su precioso volante de tres radios y aro en madera o su salpicadero con acabado aluminio. Vemos como a nuestro alrededor el cromo y el negro se van mezclando en cada rincón. Sólo el equipo de audio pertenece a nuestra época y está tan bien encajado que pasa desapercibido.

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Pero el Mustang no es sólo apariencia y el bramido que sale de las cuatro salidas de escape que asoman bajo sus puertas anuncia algo muy gordo en su interior. Preparaos porque voy a abrir el capó y yo aun tengo los pelos de punta desde la primera vez que lo hice. Ante nosotros aparece un enorme motor empotrado de 8 cilindros en V con 6 litros de cilindrada. De nuevo tapones y tapas de culatas cromadas y una imponente inscripción de Cobra sobre el filtro presidiéndolo todo. Al acelerar se mueve como si estuviese vivo y fuese a saltar del vano del motor. ¡Ojalá y pudieseis oírlo! Son 430 CV al galope y éste es un espectáculo que todos deberíamos contemplar al menos una vez en la vida. Por no hablar del momento en el que empieza a rodar. Los rugidos vienen acompañados con un intenso olor a goma quemada mientras las ruedas aun desprenden humo, un auténtico burnout.

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